lunes, 21 de febrero de 2011

.:Capítulo 1:. ~

Enamorándome de Ian Black~
























-¡Hey, Eric! ¿Que haces hoy a la salida?-le pregunté a mi mejor amigo, Eric Grey.

-Lo siento, cariño. Tengo que estudiar para mi prueba de Biología. Pero podemos salir a parrandear mañana, si quieres.-me dijo realmente apenado.

Le sonreí, y lo dejé pasar. Era un día tormentoso, la lluvia caía sin remordimientos casi golpeándonos, si mirabas por encima de los edificios podías claramente creer que el mundo se acababa. Pero luego, mirabas a la gente, que caminaba como si nada realmente estuviera pasando, y tenías que volver a la realidad, el mundo no se acababa.

Me puse los auriculares y en mi Ipod comenzó a sonar Emilie Autumn, me gustaba ella, era una gran mujer con un buen sentido de la vida. Sus canciones reflejaban acciones que para mí eran de todos los días, pero que para otros serían bastante extrañas; como la canción que escuchaba ahora: The Art of Suicide. Era realmente muy bonita en todos sus aspectos, hablaba del suicidio de la manera en que yo lo veía, no como todos lo miraban: como algo horrible, un tabú, un desprecio a Dios, algo satánico, bla bla bla. Para mí era de este modo, ¿para qué querría vivir si mi vida era tan monótona y no tenía nada interesante por lo que vivirla? No iba andar por ahí buscando razones para vivir, ya que, además de ser algo demasiado extraño, yo simplemente quería irme a otro lugar que sea distinta a toda la sociedad mundial, la cual, en verdad, no me interesaba en un ápice.

-Lebben, ¿puedes llevarme hasta mi casa? Mi auto se dañó.

Me di vuelta sacándome los auriculares y ahí estaba, la razón por la que todavía no estaba en otro mundo. Ian Black, un joven moreno de ojos azul oscuro como el mar por la noche. En sus ojos se escondía un secreto que los mantenía turbios. Igual que yo, la mayoría del tiempo andaba fumando un cigarrillo, y ya había intentado suicidarse unas…40 veces. Se podría decir que todo el mundo pensaba que era el chico indicado para mí, admito que yo también pienso así, pero él está tan retraído que, creo, que ni siquiera piensa en chicas. 
Seguro que le hacía el amor a muchas mujeres, pero la sola imagen de él así provocaba algo muy inusual en mí, que me sonroje.

-Emm…Sí, claro que puedo llevarte, Black.-respondí algo dubitativa, lo cual lo hizo  vacilar un instante.

-Puedo irme caminando si no quieres.

-¡Claro que no! Vamos, sube.

Mi auto no era uno de los mejores, pero era lo único que había conseguido después de intentar suicidarme unas quince veces, y de casualidad poder sacar el carnet de conducir. Por fuera era de un rojo intenso, justo como la sangre, me gustaba decirle, por dentro también era rojo, era un color que me obsesionaba. Ian prefería le negro, tal vez su sangre era más oscura y espesa que la mía. Podría preguntarle, aunque no se cómo reaccionaria. Piensa, Cathy, piensa; si te preguntaran: Oye, Cath, ¿de que color es tu sangre? Yo no me enfadaría, así que me guié pensando que a él tampoco.

-Black, ¿puedo hacerte una pregunta indiscreta?

Rió, creo que fue la primera vez que lo vi hacer ese acto de falsa felicidad. Asintió.

-Hazla, Cath.

-Emm… ¿tu sangre es oscura y espesa?

Lo volvió a hacer, sonrió de una manera tan incitantemente oscura, como nadie me había sonreído en la vida.

-¿Cómo lo supiste? ¿Sueles espiarme cuando trato de suicidarme, o sólo quieres beberme la sangre al estilo victoriano?

Sacó un atisbo de sonrisa en mi rostro, algo que hace mucho tiempo nadie lograba. Le expliqué que la preferencia de colores en la gente que normalmente ve su sangre muy seguido, se asimila a su verdadera sangre. Y que como el negro era un color oscuro y demasiado espeso, eso supuse.

-Así que tu sangre es rojo brillante y demasiado líquida…

-Casi como agua, suele salir a borbotones, por lo que pierdo demasiada en un solo intento. 

–Le interrumpí inconscientemente.-La mayoría de los intentos termino en charcos de mi propia sangre, y eso, por siniestro que parezca, me hace sentir extremadamente bien y creo que es algo adorable.

 Le dio una calada a su cigarrillo antes de tirar la colilla por la ventana abierta, por la que entraba una agradable y fría brisa, junto con gotas de agua recién caídas del cielo. Amaba la lluvia, podía disfrutarla aun cuando era demasiado salvaje para que alguien quiera salir afuera a admirarla, era como que toda la ira de las personas explotara y nos mojáramos de una furia desconocida pero a la vez famosa.

-Me gustaría ver eso un día de estos, Cathy. –me dijo, con el cigarro en los labios tratando de prenderlo, mientras la brisa se encargaba de apagarle la llama antes de que llegara a prender el cigarro. Se lo quité delicadamente de los labios y lo puse en los míos, intenté con mi encendedor, mientras él manejaba el volante, lo prendí y le di la calada de su vida, dejando escapar el humo con algo de melancolía. Sonrió y me lo saco de los dedos.

-Cuando tú quieras, Ian. Hoy podría ser un gran día para no vivir, como podría serlo mañana, o el que tú decidas.

-Bien dicho. –dijo realmente sorprendido de que haya dicho algo tan inteligente, que él no había llegado a pensar. –Si no tienes nada que hacer, podemos salir esta noche, si tienes interés en mostrarle tu liquida sangre a este humilde joven.

-Sólo si me dejas ver la espesura de la tuya.

Cuando llegamos a su casa, me dijo que lo encontrara en el bar Black Crow, a eso de las 11hs., pero que preguntara por él al entrar, porque, a pesar de ser una muy atractiva señorita, lo más probable era que no me dejen pasar. Simplemente le respondí con un Ya Lo Veremos.

En casa simplemente me quedé en ropa interior dando vueltas por la cama, me moría del aburrimiento y no quería comenzar a drenar mi sangre hasta no estar con Ian. Prendí mi ordenador, por alguna extraña razón la cámara siempre quedaba prendida, por lo que cuando acepté la solicitud de un tal maniac_depression@hotmail.com, yo seguía en ropa interior. Esto no me importo realmente demasiado, hasta que caí en la cuenta de que era Ian, decidí que qué más daba, e hice como si no pasara nada.

Maniac_Depression: ¿Siempre sueles atender a personas en ropa interior?

Art_of_Suicide: Siempre que estoy aburrida, sí. ¿Qué? ¿No sueles ver a chicas con las que acabas de estar hace un rato, en ropa interior tan rápido, o es el sólo hecho de que esté aburrida y me guste estar en ropa interior para pasar el rato?

Maniac_Depression: Un poco de ambas. Lo primero puedes ponerlo en duda, pero sí, me sorprende el hecho de que estar en ropa interior te saqué algo de aburrimiento.

Art_of_Suicide: Puedes intentarlo.

Maniac_Depression: Ok…espera. ¿Lo dices porque quieres verme mi ropa interior o porque sólo quieres que pruebe la efectividad de tu experimento?

Art_of_Suicide: Un poco de ambas, :).

Maniac_Depression: xD Vale.
Pude verlo levantarse por la cámara, desabrochar en un santiamén su camisa y comenzar a desabrocharse los pantalones, dejando, al fin, ver unos bóxers color bordó, como debía ser el color de su sangre, negro y rojo espesado forman un bordó negruzco. Se me escapó una pequeña sonrisa traviesa que él intercepto, me la devolvió y tecleó.

Maniac_Depression: Es tu turno de darte una vuelta, esto ya es algo pervertido xD.

Art_of_Suicide: Soy algo tímida, sabes. No lo lograras así como así, para serte sincera, no creo que lo logres.

Maniac_Depression: ¿Estás desafiándome?

Art_of_Suicide: Puedes tomarlo como un desafío.

Dejó de hablarme por unos minutos, por lo que me puse a mirarle su cuerpo con lujo de detalles. Mi teléfono comenzó a sonar con la canción My Last Breath, de la banda Evanescence. El móvil estaba en la mesita de luz junto a la cama, chequeé que Ian siguiera mirando a la nada y me levanté a atender. Número Privado.

-¿Aha?

-Eres una extremadamente hermosa joven, Cathleen Amber Lebben. Tu vergüenza desprecia a tu divino cuerpo, no dejes que eso pase.

-¿Sabes? Esta es la primera vez que un hombre me dice eso. Todos expresan que soy demasiada delgada por la cantidad de sangre que pierdo.

-Puede ser cierto, pero estoy más que seguro, que debe valer la pena. ¿No es así? Ellos no lo entienden, pero se siente tan bien apreciar como la vida se te va en un instante, y la sangre…Oh! Es el líquido más…hermoso que nunca he visto en mi vida.

-Es curioso, pienso lo mismo.

Me cambie, realmente sin mirar, no estaba de ánimos para la ropa. Simplemente tomé piezas como un sostén, unas calzas rayadas y un short, luego agarré un corsé negro y me coloqué unos demasiados collares con distintos dijes.

Caminé hasta el Black Crow algo distraída, iba pensando dónde iba a conseguir algo de drogas esa noche, en realidad, especulaba que tal vez Ian me podría dar un poco. La verdad que todo esto de la droga me estaba ayudando mucho a ser más yo misma y no preocuparme tanto por los demás. Claro que lo piensan como una manera de ser más rebelde por el simple hecho de que no me importa fumar en clases sólo porque tuve un mal día, y por fumar, me refiero a sustancias no autorizadas, que nadie reporta por miedo a que los mate. Completamente absurdo.

Cuando llegué a la puerta del B.C., ya contaba con una cajita de buena hierba para fumar luego, el guardia se veía confiado en su posición, bastante alerta a pesar de no haber ni un alma por esa calle. Somos solo tú y yo, pequeño; veamos cuánto duras.

Era un caucásico, de unos 23 años, pelo corto y ropa algo rara, pero normal en todo caso. Había adoptado una posición relajada junto a la puerta, pero si mirabas sus ojos estaban muy alerta a cualquier movimiento, vi un brillo extraño cuando me vio venir, que luego se perdió como mostrando ignorancia. Me acerqué hasta que podía ver sus celestes ojos detalladamente y que su respiración acariciaba mis labios lentamente, todo eso pasó muy rápido como para que pudiera alarmarse, aunque una parte de sí quiso, simplemente siguió relajado.

-Hola, soy Cath, Cathy Lebben.-le dije con una sonrisa similar a la de Cassie de Skins, de total locura mental.

Se alejó un poco para poder verme, aunque creo que estaba buscando con la mirada algún arma con el que podría matarlo, al no encontrarla, se relajó mentalmente y me dijo:

-Mi nombre es Nicholas Adams, guardia del bar Black Crow. ¿Sabe usted, realmente, señorita Lebben, dónde está metiendo sus narices?

-Parece que, realmente, no, Sr. Adams.-me alejé lo suficiente como para decirle:-Me dejará pasar, ¿no, Nickie?

El guardia pareció dudar unos minutos, pero asintió confiado en sí mismo, me apoyó su mano en un gesto sobre el hombro y me miró sincero.

-Sólo esta vez, para que veas en qué te estás metiendo, pequeña Cath.

Le di un beso en la mejilla y un gran abrazo, tratando de expresar de alguna manera la gratitud hacia su confianza. Dentro había luces de muchos colores y gente bailando y tomando tragos, en dos esquinas opuestas había un bar; y si mirabas bien había miles de puertas con palabras extrañas grabadas en ellas, por curiosidad iba tocando todas con mis manos, tenían una exquisita textura, hasta que llegué a una que me causó como una especie de atracción magnética que me tiraba hacia dentro de lo que esa puerta tapaba.

Toqué. Un chico con un cabello alocado pero muy bonito abrió la puerta, tras él Ian y otro chico de cabello oscuro y unos shockeantes ojos celestes, tomaban whisky o algo así.

-Cath, querida. ¿Cómo entraste?

-El Sr. Adams es un hombre muy considerado, es todo lo que voy a decir. 

El chico del pelo alocado se presentó gentilmente, al parecer su nombre era Christopher Drew, vivía a unas cuadras de la plaza principal y fumaba como una chimenea, justo como yo. Me pareció un chico demasiado de mi tipo, y por eso lo adopté como si fuera la segunda parte de mi mente, me dio su celular y me dijo que lo llame, que nos encontráramos de día cuando las cosas eran más claras. Chris tenía una novia llamada Audrey, él decía que era muy bonita y que tenia un cabello color rosa como glaseado de unas buenas donas, es un personaje.

Todo esto me lo contó mientras Ian y el otro chico hablaban de negocios, algo que no me convenció mucho.  Igual, estaba pasándola genial sólo con Chris, fumando algo, hasta que la conversación de negocios se tornó hacia mi persona.

-Catherine, hay gente ahí fuera que te quiere muerta, ¿sabes?

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